Prueba del PSA (Salud de la Próstata)

Prueba del PSA (Salud de la Próstata)

El PSA (antígeno prostático específico) es una proteína que produce la próstata y que se detecta en un análisis de sangre. Su medición es la herramienta más utilizada para el cribado y seguimiento del cáncer de próstata, aunque también se eleva en otras situaciones como la hiperplasia benigna, las infecciones prostáticas o tras manipulaciones urológicas.

Un PSA elevado no significa cáncer, pero sí exige una valoración por un urólogo con experiencia para interpretar correctamente el resultado y decidir los siguientes pasos.

¿Qué mide y qué variantes existen?

  • PSA total: es el valor de referencia general. Valores por encima de 4 ng/ml requieren atención, aunque el umbral varía según la edad.
  • PSA libre y cociente PSA libre/total: ayuda a distinguir entre elevaciones por hiperplasia (benigna) y por sospecha tumoral. Un cociente bajo orienta hacia mayor riesgo.
  • Densidad de PSA: relaciona el PSA con el volumen de la próstata medido por ecografía.
  • Velocidad de PSA: analiza cómo ha variado el valor entre diferentes analíticas. Un aumento rápido es una señal de alerta independientemente del valor absoluto.

¿Cuándo hacerse la prueba?

A partir de los 45 años como control rutinario, especialmente si hay antecedentes familiares de cáncer de próstata.

A partir de los 40 años si existen factores de riesgo adicionales (antecedentes en familiares de primer grado, raza afroamericana).

Ante síntomas urinarios que puedan sugerir patología prostática: dificultad para orinar, chorro débil, necesidad de levantarse por la noche, sensación de vaciado incompleto.

Como seguimiento en pacientes ya tratados por cáncer de próstata (post-cirugía, post-radioterapia) o con diagnóstico de hiperplasia benigna.

  • Un indice de masse corporelle (IMC) malsain, qu'il s'agisse d'une surcharge pondérale ou d'une insuffisance pondérale.
  • Antécédents de MST.
  • Diagnostic de problèmes de l'appareil reproducteur au niveau des trompes de Fallope, des ovaires ou de l'utérus.
  • Menstruations abondantes, irrégulières (plus de 35 jours entre les règles) ou absentes.
  • Fausses couches récurrentes.
  • Antécédents de maladie inflammatoire pelvienne.
  • Douleur pelvienne.
  • Endométriose.
  • Couple présentant une infertilité masculine suspectée ou identifiée.
  • Stimuler l'ovulation avec des médicaments de fertilité.
  • Chirurgie laparoscopique ou hystéroscopique.
  • Chirurgie tubaire.
  • Insémination intra-utérine (IUI).
  • La technologie de la reproduction assistée.

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